Sarmiento mantuvo a lo largo de su vida una constante atención a las repercusiones públicas y privadas de su libro.
El asombro de Sarmiento ante la civilización norteamericana es tal, que los valores morales alcanzan allí una altura considerable, debido a la herencia religiosa, a la predicación bíblica y al encuentro con una naturaleza que encierra los caracteres de una tierra prometida.
Sarmiento proyecta su propia experiencia de estudios personales y de ejercicio del magisterio a la formación de un programa cultural masivo, puesto al servicio de las nuevas instituciones políticas.